La vid se muere y nadie la está regando: la vitivinicultura riojana pide auxilio

Hay una imagen que lo dice todo: viñedos sin podar en pleno invierno, uva que se quedó en la planta porque no convenía levantarla, fincas que cierran y trabajadores que cobran el telegrama de despido. Eso está pasando en el Valle de Antinaco-Los Colorados, acá nomás, en la tierra que nos da el vino que ponemos en la mesa.

La diputada radical Gabriela Rodríguez presentó un proyecto en la Legislatura provincial para declarar la emergencia vitivinícola en toda La Rioja. No es un gesto político menor: es la señal de que el sector llegó a un punto en que necesita herramientas formales para no colapsar del todo.

Los números acompañan el diagnóstico. El Sindicato de Obreros y Empleados Vitivinícolas (SOEVA) registró 52 despidos efectivos en los últimos meses, concentrados en Anguinán y Tilimuqui. Y eso es apenas la punta del iceberg: contratos de tercerizados rescindidos, cooperativas vinculadas a bodegas sin trabajo y fincas que no pueden afrontar el costo de la poda, esa tarea que define si habrá o no cosecha el año que viene.

El problema tiene nombre: la energía eléctrica. Las perforaciones que riegan los viñedos necesitan electricidad, y la tarifa se fue por las nubes. Con el precio de la uva y del vino por el piso, la ecuación no cierra. Muchos productores hacen el cálculo y deciden no cosechar. No porque no quieran: porque cosechar les cuesta más de lo que van a recuperar.

Y esto no es solo un problema riojano. A nivel nacional, el consumo de vino cayó a 15,7 litros per cápita anuales, el mínimo histórico. Las exportaciones retrocedieron a niveles de hace veinte años. El productor recibe apenas el 13% del precio de góndola, cuando históricamente le correspondía cerca del 24%. Desde 2016 desaparecieron casi 3.800 viñedos en todo el país, la mayoría pequeñas explotaciones familiares.

Lo que está en juego en Chilecito y en el Valle no es solo la economía de unas bodegas. Es el enoturismo, es el trabajo de temporada, son los pequeños productores que llevan décadas apostando a esta tierra. Es una cadena larga que, si se rompe por un eslabón, arrastra a todos.

Ahora el proyecto está en estado parlamentario. La pregunta es si la Legislatura y el Gobierno provincial van a acompañar con la misma urgencia que pide la situación, o si vamos a esperar a que no quede nada que salvar.

¿Vos qué pensás? ¿Alcanza con declarar la emergencia, o hace falta algo más concreto para salvar la vid riojana?