La garrafa a $29.000: otro golpe directo al bolsillo de los que no tienen red de gas

Desde este martes, cambiar la garrafa de 10 kilos cuesta $29.000. La de 15 kilos subió a $44.000. Y el tubo de 45, el que usan muchos comercios y familias numerosas, trepó a $110.000. Las distribuidoras aplicaron el nuevo cuadro tarifario de forma inmediata en todos los puntos de venta autorizados del país, incluidos los locales de YPF.

Sin previo aviso para el vecino. Sin gradualidad. Un día valía un precio, al día siguiente otro.

Y acá hay que decirlo con todas las letras: en Chilecito, como en buena parte de La Rioja, la garrafa no es un lujo ni una opción. Es la única forma de cocinar y calentar agua para miles de familias que no tienen acceso a la red de gas natural. No es un dato menor. Es la diferencia entre comer caliente o no.

Cuando sube la garrafa, no sube “el precio del gas”. Sube el costo de vivir para los que menos tienen. Para el jubilado que vive solo en un barrio sin infraestructura. Para la familia que alquila en las afueras. Para el almacenero de barrio que usa el tubo de 45 kilos y ahora tiene que recalcular todo.

El ajuste tarifario puede tener sus justificaciones técnicas, sus fórmulas de actualización, sus argumentos de mercado. Pero ninguna planilla de costos explica el impacto real que tiene en una economía doméstica que ya viene muy apretada.

La pregunta que queda flotando es simple: ¿alguien está controlando que estos precios se respeten en los puntos de venta? Porque entre el precio oficial y lo que te cobran en el depósito del barrio suele haber una diferencia que nadie fiscaliza.

En Chilecito lo sabemos bien. ¿Vos cuánto pagaste la última garrafa? Contanos en los comentarios.