Una muerte que duele y que obliga a hacerse preguntas incómodas

Una joven de 29 años salió a circular por las calles de Chilecito un lunes al mediodía y no volvió. Murió el martes por la noche en el Hospital Vera Barros de la Capital, después de horas en terapia intensiva con un cuadro que no daba margen: traumatismo grave de cráneo, hematoma cerebral, fractura en el cráneo, tres costillas rotas y lesiones en el tobillo. El choque fue en la intersección de Máximo Martínez y Santo Domingo, cuando su moto Zanella 110 cc. colisionó con una Toyota Hilux.

Circulaba sin casco.

Ese dato no está para culpar a nadie en el momento más doloroso. Está porque es parte de una conversación que esta ciudad necesita tener, y que siempre se pospone hasta la próxima tragedia.

El conductor de la camioneta dio 0,00 en el test de alcoholemia. Los vehículos quedaron a disposición de la Justicia mientras se investigan las causas exactas del impacto. La causa oficial dirá lo que tenga que decir. Pero hay algo que ya está a la vista: en nuestras calles, cada salida en moto es una ruleta que demasiados juegan sin los elementos mínimos de protección.

Chilecito tiene un problema serio con la seguridad vial. No es una novedad. Los siniestros se acumulan, los titulares se repiten y las esquinas peligrosas siguen siendo las mismas. La pregunta que queda flotando, después de cada muerte, es cuánto más hay que esperar para que haya respuestas concretas: más controles, campañas reales de concientización, infraestructura vial pensada para reducir riesgos.

Una vida de 29 años no se recupera. Eso es lo primero y lo más importante.

Pero si de algo tiene que servir esta pérdida, es para que tanto el Estado municipal como cada uno de nosotros asumamos que circular en moto sin casco no es una decisión personal inocua: es un riesgo mortal. Y que las instituciones tienen la obligación de hacer algo más que lamentar.

¿Cuántas tragedias más necesita Chilecito para tomarse en serio la seguridad vial? Dejanos tu opinión.