165 nuevos profesionales de la UNLaR: lo que el recorte nacional no puede apagar
El viernes pasado, en la Sala Académica Oscar Quiroga Galindez, 165 personas recibieron su título universitario. No es un número cualquiera. Cada uno de esos diplomas representa años de sacrificio, de colectivo, de rendir con el estómago vacío o de estudiar después de una jornada laboral. Eso es la universidad pública. Eso es lo que algunos parecen no entender, o directamente no quieren entender.
La rectora de la UNLaR, Natalia Albarez Gómez, lo dijo sin rodeos: “Sin Universidad Pública un pueblo no se desarrolla, por eso hay que cuidarla y defenderla”. No fue un discurso de ocasión. Fue una declaración con nombre y apellido político, en un momento en que el Gobierno Nacional acumula más de 300 días sin aplicar la Ley de Financiamiento Universitario, y encima proyecta menos recursos para el año que viene.
El mensaje fue claro: la universidad tiene sentido porque ahí estaban ellos, sentados, a punto de convertirse en profesionales. “Sin esta universidad no podría hablarle como rectora”, reconoció Albarez Gómez, con una honestidad que en la política escasea.
Y acá viene la pregunta que hay que hacerse: ¿qué le pasa a Chilecito, a La Rioja, cuando se asfixia a la universidad pública? Porque no hablamos solo de una institución en la capital provincial. Hablamos del único camino real de movilidad social que tienen las familias de nuestra región. Los hijos de los trabajadores no se van a mandar a universidades privadas en Buenos Aires. Se forman acá, con lo que hay, con lo que se defiende día a día.
Que haya 165 nuevos profesionales es una buena noticia. Que la rectora haya tenido que salir a defender la educación pública en el discurso de colación, en lugar de hablar solo de celebración, es la mala noticia que nadie debería normalizar.
La UNLaR también abrió una convocatoria extraordinaria para docentes interinos en la Licenciatura en Música, con inscripción hasta el 22 de septiembre. Un detalle que habla de una institución que sigue funcionando, creciendo, apostando, incluso cuando desde arriba le aprietan el presupuesto.
Cuidar la universidad pública no es una consigna de izquierda ni de derecha. Es una cuestión de sentido común riojano. ¿O vamos a esperar a que la vaciemos para darnos cuenta de lo que teníamos?
