Torturas en Ulapes: cuando el uniforme se convierte en amenaza

Ocho policías detenidos. Allanamientos sin orden judicial. Actas falsificadas. Un hombre esposado y con fracturas. Y los acusados trabajando con normalidad hasta el 24 de junio, antes de recibir una simple licencia reglamentaria. Esto no es una película: es lo que ocurrió en la Comisaría de Ulapes, a pocas horas de Chilecito.

El caso salió a la luz gracias a la denuncia del abogado Nicolás Mercado, que representó a las víctimas y expuso con nombre y apellido el modus operandi de un grupo de efectivos que operaba al margen de la ley. Entrar a casas sin autorización judicial, no registrar las detenciones en los libros de guardia, inventar un “rastrillaje” para justificar lo injustificable. La investigación quedó en manos del fiscal Julián De la Colina, y el resultado fue contundente: ocho imputados, todos con uniforme.

Lo que más indigna no es solo el hecho en sí, aunque ya de por sí es gravísimo. Lo que enciende la alarma es el tiempo que tardó la respuesta institucional. Las denuncias existían. Las víctimas existían. Y sin embargo, esos mismos policías siguieron prestando servicio, con arma y autoridad, hasta que el calendario les dio licencia. No la Justicia. El calendario.

Acá no alcanza con decir que “la Justicia actúa” y dar vuelta la página. La pregunta que queda flotando es más incómoda: ¿cuántos casos como este no llegan a la Fiscalía porque las víctimas no tienen un abogado que los respalde o porque el miedo es más fuerte que la denuncia?

La Rioja tiene una deuda histórica con la reforma policial. Y cada vez que un episodio como este estalla, la respuesta política suele quedarse en la superficie: comunicados, sumarios administrativos y, con suerte, alguna desafectación que no tarda en revertirse.

Este caso merece más que eso. Merece una revisión profunda de los controles internos de la fuerza, una rendición de cuentas real y una señal clara de que el poder político no mira para otro lado cuando el abuso viene desde adentro.

Ulapes queda lejos del centro. Pero lo que pasó ahí nos interpela a todos. ¿Vos creés que hay voluntad política real para que esto no se repita?