Los vecinos que escuchan y actúan también salvan vidas

En el barrio Las Agaves, en la capital riojana, pudo haber terminado muy mal. Una mujer estaba siendo agredida por su pareja dentro de su propia casa: golpes de puño, un cuchillo apoyado en el cuello y amenazas de muerte. Lo que evitó lo peor no fue solo la rapidez policial. Fue el grito de alerta de los vecinos.

Quienes viven cerca escucharon los pedidos de auxilio, notaron que algo estaba mal y dieron aviso. Ese gesto, tan simple y tan difícil a la vez, fue el que puso en movimiento a los efectivos que llegaron a tiempo para ingresar a la vivienda y detener al agresor.

Hay un dato que no puede pasarse por alto: el hombre tenía medidas de protección vigentes. La justicia ya había intervenido. Ya había una orden que le impedía hacer exactamente lo que hizo. Y aun así lo hizo. Eso dice mucho del nivel de impunidad con que algunos agresores se manejan, convencidos de que dentro de una casa nadie los va a ver ni escuchar.

Esta vez estaban equivocados. Los vecinos miraron, escucharon y actuaron. Y eso cambió todo.

La violencia de género no ocurre en otro planeta ni le pasa a gente desconocida. Ocurre a metros de nuestra puerta, en el barrio de al lado, en la cuadra de siempre. Y muchas veces la diferencia entre una tragedia y una intervención a tiempo es que alguien se anime a hacer una llamada.

No se trata de meterse en lo ajeno. Se trata de entender que cuando una mujer pide auxilio a los gritos, eso ya dejó de ser un asunto privado.

Si escuchás algo que no está bien, llamá al 911. Y si vos o alguien cercano está en una situación de violencia, la línea 144 atiende las 24 horas, los 365 días del año. Denunciar salva vidas. Y a veces, también lo hace el vecino que presta atención.

¿Vos hubieras llamado? Contanos.