Estudiantes de la UNLaR en los tribunales: cuando los convenios dejan de ser papel mojado
Hay una frase que se repite cada vez que una universidad firma un acuerdo con algún organismo público: “vamos a trabajar juntos por el futuro de los jóvenes”. Bonito, aplausos, foto y a guardar el documento en un cajón. Pero esta vez algo distinto está pasando en La Rioja, y vale la pena decirlo.
Estudiantes avanzados de Abogacía y de la Licenciatura en Administración y Gestión Jurídica de la Universidad Nacional de La Rioja arrancaron esta semana su segunda etapa de Prácticas Preprofesionales Supervisadas dentro de la Función Judicial. No en un simulacro, no en un aula disfrazada de tribunal. En los juzgados de verdad: la Cámara Tercera, la Cámara Cuarta en lo Civil, los fueros Laboral y de Paz Letrado, Juzgados de Instrucción, Superintendencia. Dos meses, cara a cara con la justicia que funciona todos los días.
Los eligieron por mérito: promedio y avance en la carrera. Nada de favores ni de cupos rellenos. Eso también merece ser dicho.
El presidente del Tribunal Superior de Justicia, Claudio Saúl, los recibió en persona y les dio un consejo que cualquier profesional curtido suscribiría: pregunten, repregunten, no tengan vergüenza. “Este es el momento de sacarse todas las dudas”, les dijo. Simple y directo. Eso es exactamente lo que un estudiante necesita escuchar antes de pisar un pasillo de tribunales por primera vez.
Desde la UNLaR, la coordinadora de las prácticas, Silvana Lara, fue igual de clara: los convenios no son letra muerta. Y tiene razón. Demasiadas veces vimos acuerdos institucionales que terminaron siendo una foto de firma y nada más. Acá hay estudiantes distribuidos en organismos reales, con supervisión, con un marco académico y con el desafío concreto de entender cómo funciona la justicia desde adentro.
Para los jóvenes riojanos que estudian Derecho o carreras afines, esto no es un detalle menor. La brecha entre lo que se aprende en el aula y lo que exige el ejercicio profesional suele ser enorme. Experiencias como esta achican esa distancia antes de que el diploma esté seco.
La pregunta que queda abierta es cuántos estudiantes de Chilecito y el interior provincial tienen acceso real a este tipo de oportunidades. Porque si la formación de calidad sigue concentrándose en la capital, el futuro del interior riojano siempre va a llegar tarde.
¿Vos qué pensás? ¿Estas prácticas deberían llegar también a instituciones del interior como Chilecito?
