La Rioja afuera de los Juegos Evita: cuando el ajuste le pega en la cara a los pibes que entrenaron todo el año

Hay noticias que se leen en los números y hay noticias que se leen en las caras. Esta es de las segundas.

La Rioja no va a estar en la final de los Juegos Nacionales Evita 2026, que se juegan en Mar del Plata entre el 2 y el 7 de noviembre. El secretario de Deportes provincial, Jorge Córdoba, lo confirmó el 1 de octubre con una precisión que duele: los entrenadores de futsal masculino y femenino todavía estaban armando sus equipos cuando ya se sabía que no había plata para el viaje. Así, de golpe, sin aviso. El sueño cortado con tijera administrativa.

Pero acá hay que llamar a las cosas por su nombre. La provincia no se quedó sin fondos por mala suerte ni por incapacidad de gestión. Se quedó sin fondos porque el gobierno nacional viene aplicando desde diciembre de 2023 un recorte sistemático de transferencias a las provincias que no están alineadas políticamente con La Libertad Avanza. Y La Rioja, gobernada por Ricardo Quintela, encabeza ese listado de perjudicados.

Los datos son concretos: según la Oficina de Presupuesto del Congreso, las transferencias no automáticas desde Nación a La Rioja cayeron un 96% interanual acumulado en el primer semestre de 2024. Noventa y seis por ciento. No es un número menor: es prácticamente nada.

A eso se suma una deuda histórica que el gobierno riojano estima en más de 1.300 millones de dólares, incluyendo un punto de coparticipación del que la provincia fue despojada en 1988 y que nunca le fue devuelto. El litigio ya llegó a la Corte Suprema, que convocó a una audiencia de conciliación entre las partes. Mientras tanto, en los tribunales el expediente avanza despacio y los pibes se quedan sin competir.

Y no fue solo el Evita. Los Juegos Atacalar, el certamen regional que reúne a La Rioja, Catamarca, Tucumán, Santiago del Estero y la provincia chilena de Atacama, también fueron suspendidos por falta de recursos, esta vez con la organización en manos de Catamarca.

La pregunta que queda en el aire es simple y vale la pena hacérsela: ¿hasta cuándo los que pagan los platos rotos del conflicto político entre Buenos Aires y las provincias opositoras van a ser los jóvenes deportistas? Porque ellos no votan coparticipación, no negocian en tribunales, no dan conferencias de prensa. Ellos entrenaron todo el año para llegar a Mar del Plata, y se enteraron por sus entrenadores, que se enteraron tarde, que no iban a ir.

Eso no es ajuste. Es injusticia con nombre y apellido.

¿Vos qué pensás? ¿Es aceptable que la grieta política se lleve puesto el deporte de nuestros jóvenes? Contanos en los comentarios.