Mataron a Manincho: Aimogasta pide justicia por algo que va más allá de un burro

Hay cosas que no tienen precio y que ningún juicio puede devolver. Manincho era una de esas cosas. El burro más querido de Aimogasta, el que acompañaba el Domingo de Ramos, el que no se asustaba del ruido ni de la gente, el que reconocía a su dueño y reaccionaba con alegría, apareció muerto. Robado, faenado, repartido en cueros, vísceras y restos desperdigados por distintos puntos de la ciudad. Una imagen difícil de procesar para cualquier vecino que lo conocía.

Dos hombres, José Oliva y Franco Agüero, están detenidos. La investigación los encontró gracias a los rastros de sangre, a los restos del animal y, según relató la familia, a una cabeza hallada a metros de uno de los domicilios allanados. No hacía falta mucha más prueba. Y sin embargo, según contó Ayelén Ávila, hija del dueño y una de las cuidadoras del animal, conseguir la detención de uno de los sospechosos no fue un trámite sencillo.

Eso es lo que más duele después del dolor propio: la sensación de tener que empujar para que la Justicia haga lo que tiene que hacer. “¿Qué otra prueba quería? Si la sangre estaba en el interior del domicilio de él”, preguntó Ayelén con una rabia contenida que cualquiera entendería.

La familia no pide plata. No quiere arreglos ni compensaciones. Quiere que los responsables queden presos y que la Justicia investigue si hay más involucrados, porque sospechan que Oliva y Agüero no actuaron solos. Una postura clara, sin vueltas.

Manincho tenía entre ocho y diez años. Había participado en festivales, era figura del Domingo de Ramos, un animal manso que conectaba con la gente de una manera que pocas veces se ve. Su dueño todavía no puede hablar de lo que pasó. Y eso dice todo.

En Aimogasta, y en toda La Rioja, este caso generó una reacción que mezcla bronca e indignación. Porque matar así a un animal que era parte de una familia y símbolo de una comunidad no es un robo cualquiera. Es otra cosa. Y merece una respuesta a la altura.

La pelota está en la cancha de la Justicia. La familia ya dijo qué espera. Ahora hay que ver si el sistema responde o si, una vez más, queda en la nada.