Se fue Luis Blanchard: La Rioja perdió a uno de los que pintó su alma hacia el mundo

El domingo 30 de agosto murió Luis Blanchard. Tenía 79 años y medio siglo de vida riojana en el cuerpo. Nacido en Misiones en 1947, eligió esta provincia en 1975 y ya no se fue. O mejor dicho: se quedó para siempre.

La noticia la dio el Instituto Riojano de Arte y corrió rápido entre quienes lo conocían, lo habían visto dar clases, cruzado en alguna muestra o simplemente visto su nombre en una pared o catálogo. Para muchos, Blanchard era de los nuestros. Y con razón.

Profesor Nacional de Pintura formado en el Instituto Superior de Arte “Alberto M. Crulcich” y luego licenciado en Artes Visuales en el IUNA, Blanchard no fue un artista que se quedó encerrado en el circuito local. Hizo exactamente lo contrario: tomó lo riojano y lo llevó al mundo. Sus obras viajaron a España, Francia, Italia, Dinamarca, Finlandia, Egipto, México, Costa Rica, Estados Unidos, Chile y más. Participó en alrededor de 160 exposiciones colectivas, además de muestras individuales en galerías de Mikkeli, Alejandría y Ringsted, entre otras.

Eso no es poca cosa. En una provincia que muchas veces siente que el centro de todo está lejos, Blanchard demostró que desde aquí también se puede llegar lejos. Que el paisaje riojano, la identidad de esta tierra, tienen peso y tiene valor afuera.

Acumuló reconocimientos: el Premio Famatina de Plata a la Trayectoria Artística, el Tercer Premio del Salón Provincial de Pintura y varias menciones en bienales nacionales e internacionales. Pero quienes lo conocieron saben que los galardones no alcanzan a explicar lo que dejó. Fue docente, gestor, referente. Uno de esos que construyen cultura desde adentro, ladrillo a ladrillo, sin pedir permiso ni esperar aplausos.

Desde el mundo cultural riojano lo dijeron con claridad: su legado está ligado a la identidad de La Rioja. “El arte también se construye desde el territorio”, señalaron al despedirlo.

Tiene razón esa frase. Y Blanchard lo vivió así durante cincuenta años.

Hoy le toca a familiares, amigos, colegas y alumnos el peso del adiós. A los demás, nos queda la pregunta de siempre: ¿cuánto valoramos lo que tenemos mientras lo tenemos? ¿Cuánto lugar le damos a los que construyen cultura en silencio, sin escándalo, con pinceles?

Descansá en paz, Luis. La Rioja es un poco tuya.