Informalidad laboral: cuando el propio Gobierno admite lo que los argentinos ya saben de sobra
Hay momentos en que la realidad le gana al relato. Y esto fue uno de ellos.
El secretario de Trabajo de la Nación, Julio Cordero, se plantó ante el Congreso para defender el Presupuesto 2027 y terminó reconociendo algo que millones de familias argentinas viven en carne propia: la informalidad laboral es un problema serio. “Nos preocupa la informalidad”, admitió ante diputados, sin mayores vueltas.
La confesión tiene peso. Porque no vino de la oposición ni de un economista crítico, sino del propio funcionario del gobierno de Milei, el mismo que lleva meses vendiendo la idea de que el ajuste tiene un rumbo claro y que los números mejoran.
¿Y qué dicen los números de verdad? Que la informalidad ya alcanzó al 44,2% de los trabajadores en el primer trimestre de este año, según datos del Observatorio Económico Social de la Universidad Nacional de Rosario basados en estadísticas del Indec. Dos puntos más que hace doce meses. Y que en julio pasado se destruyeron más de 9.000 puestos de trabajo asalariado, cerrando 14 meses consecutivos de caída en el sector privado.
Eso no es un bache. Es una tendencia.
La respuesta del Gobierno ante este panorama fue recomendar el monotributo. Cordero salió a promoverlo como si fuera una solución estructural: “Los beneficios que se obtienen con la inscripción son enormemente mayores que los costos”, dijo, y remarcó que hay personas que “no quieren trabajar en relación de dependencia”. Una forma elegante de decir que muchos no tienen otra opción que rebuscársela por su cuenta.
En Chilecito y en toda La Rioja esto no es novedad. La informalidad siempre fue alta en el interior del país. Pero que el propio secretario de Trabajo lo reconozca públicamente, en el Congreso, mientras defiende un presupuesto anclado en el equilibrio fiscal, dice bastante sobre el estado real de las cosas.
El problema no es solo económico. Es que cuando casi la mitad de los trabajadores está en negro, no hay jubilación digna, no hay obra social, no hay red de contención. Y eso lo pagamos todos, más tarde o más temprano.
¿Alcanza el monotributo para tapar ese agujero? Difícil creerlo. Pero al menos el Gobierno ya no puede fingir que el problema no existe.
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