Remediar se achica: lo que el Estado nacional ya no manda, alguien lo tiene que pagar
Hay decisiones que se toman en Buenos Aires y se sienten en los pasillos de un centro de salud del interior. Esta es una de esas.
El programa nacional Remediar, que durante años garantizó medicamentos gratuitos en los hospitales y centros primarios de salud de todo el país, acaba de comunicar formalmente que va a reducir drásticamente su cobertura. A partir de ahora, solo proveerá tratamientos para la línea cardiovascular: hipertensión y colesterol. Punto.
Lo que queda afuera no es poca cosa. Diabetes, asma, EPOC, patologías tiroideas, anemias en el embarazo, enfermedades gastrointestinales y respiratorias. Condiciones crónicas que requieren medicación diaria, sostenida, sin interrupciones. Exactamente el tipo de enfermedades que más golpean a la población que depende del sistema público porque no tiene otra opción.
En La Rioja, la coordinadora del Plan Provincial de Salud, Romina Cuello, salió a dar la cara y a ponerle números al problema: 100 efectores sanitarios afectados en toda la provincia, aproximadamente 360.000 recetas anuales en juego. No es una abstracción burocrática. Es el vecino de Chilecito, de Famatina, de Villa Unión, que va al centro de salud a buscar su medicación y se va a encontrar con que ya no hay.
Cuello fue clara en algo que merece atención: si un diabético deja de tomar su medicación, el sistema público va a terminar pagando mucho más caro. Una complicación, una internación, una derivación al hospital de Capital. El ahorro en medicamentos se convierte en un gasto mayor en otro eslabón de la cadena. Eso es lo que pasa cuando se recorta sin mirar el conjunto.
La provincia ya está comprando con recursos propios para tapar el agujero. El gobernador y el gabinete están al tanto. Pero también reconocen que no alcanza.
El ajuste nacional tiene consecuencias reales y concretas. Y en los territorios del interior, donde el sistema público es el único sistema que existe, esas consecuencias las paga la gente más vulnerable.
La pregunta que Mira Chilecito deja sobre la mesa es simple: ¿cuánto más le van a pedir que aguante al que menos tiene?
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