El ojo del vecino vale más que mil cámaras

Un televisor recuperado, un ladrón que se escapó y una cartera que todavía no aparece. Así terminó la madrugada del martes en el barrio René Favaloro de la Capital riojana, con un final que pudo haber sido mucho peor gracias a algo que en los tiempos que corren escasea: un vecino que miró, que prestó atención y que avisó.

La historia arranca cerca de las 20, cuando un hombre de 78 años salió de su casa. Al rato, un vecino lo llamó para contarle que había visto a un tipo delgado, de alrededor de 1,70 metros, con remera blanca y pantalón oscuro, merodeando la propiedad y cargando objetos que no parecían suyos. El aviso llegó a tiempo. Efectivos de la Comisaría Octava se movilizaron pasada la medianoche y encontraron el televisor LED Samsung de 55 pulgadas abandonado en un descampado de calle Agustín Bosetti y avenida Homero Coronel Montes, a pocos metros de la vivienda. Se lo devolvieron al dueño.

Lo que no apareció fue la cartera marrón con documentación personal. Y hay un detalle que los investigadores no pueden pasar por alto: no había daños en puertas ni ventanas. Nada forzado. Lo que abre una pregunta incómoda que la investigación tendrá que responder.

Pero más allá del expediente policial, este episodio deja una lección que vale la pena subrayar. En un barrio, la primera línea de seguridad no es la patrulla ni la cámara: es el vecino que conoce a quién pertenece cada cosa, que nota lo que está fuera de lugar y que no mira para otro lado. Eso fue lo que hizo la diferencia esta vez.

La Policía hizo su trabajo. El vecino hizo el suyo. El autor todavía está libre. Y la investigación sigue.

¿Cuántos casos similares quedan sin resolver simplemente porque nadie levantó el teléfono?