Le robaron más de siete millones de pesos sin entrar a su casa, sin armas, sin violencia. Solo con una pantalla, una promesa y la confianza de una vecina de Juan Facundo Quiroga que buscaba, como cualquiera, mejorar su situación económica.
El caso que se conoció esta semana no es nuevo ni aislado. Es el mismo libreto de siempre: una publicación en Instagram de una supuesta agencia de inversiones, un contacto que migra rápido a Telegram, una plataforma de aspecto profesional y un “grupo VIP” que genera la ilusión de que el dinero trabaja solo. El anzuelo está diseñado para picar. Y pica.
La mujer realizó cinco transferencias a lo largo de octubre. Siete millones y medio de pesos que salieron de su bolsillo hacia cuentas de terceros. Cuando quiso retirar las ganancias prometidas, el sistema le dijo que los fondos estaban congelados. Y entonces apareció el remate: un supuesto gerente financiero le exigió seis millones más para desbloquearlos. Ahí entendió que la habían estafado. Ahí fue a la policía.
Este esquema tiene nombre: se lo conoce como “pig butchering”, engorde de cerdo en la jerga del cibercrimen internacional. Primero te hacen creer que ganás. Te muestran números, te generan confianza, te hacen sentir inteligente. Después, cuando ya estás adentro, te piden más. Y más. Hasta que no hay nada que retirar porque nunca hubo nada real.
Lo que preocupa no es solo la cifra, que es enorme para cualquier familia de nuestra región. Lo que preocupa es que estos delitos siguen creciendo porque las redes sociales son el nuevo territorio sin control donde cualquiera puede montar una trampa con relativa impunidad.
La prevención es la única defensa real por ahora. Si alguien te promete ganancias en plataformas digitales a través de Instagram o Telegram, desconfiá. Si te piden transferencias para “desbloquear” plata que nunca viste en efectivo, es una estafa. Siempre.
¿Vos o alguien que conocés recibió este tipo de contactos? Contanos en los comentarios. Este tema nos incumbe a todos.
