Peligro silencioso en el invierno riojano: dos hermanos terminaron intoxicados por usar un bracero en un cuarto cerrado
Un episodio que pudo terminar en tragedia volvió a encender las alarmas sobre una práctica riesgosa que se repite cada año cuando bajan las temperaturas en La Rioja: el uso de braceros y elementos de combustión en espacios sin ventilación.
Este jueves por la mañana, en el barrio Eduardo Menem de la capital provincial, un niño de 9 años y su hermana de 21 debieron recibir atención médica de urgencia tras intoxicarse con monóxido de carbono.
Lo que pasó
Según el parte policial, los dos jóvenes ingresaron un bracero a una habitación contigua a la de su madre, una mujer de 46 años de apellido Coronel, y cerraron la puerta para protegerse del frío. Lo hicieron sin autorización materna.
Horas después, las consecuencias no tardaron en aparecer. El menor se despertó con vómitos y un fuerte dolor de cabeza, mientras que su hermana mayor se desvaneció por la concentración de gas acumulada en el ambiente cerrado.
La intervención
Personal policial llegó al domicilio de inmediato tras recibir el alerta. Al arribar, ambos hermanos se encontraban conscientes. Minutos más tarde se hizo presente una ambulancia de la Base 02, con la Dra. Liz Silva a cargo, quien evaluó en el lugar a los afectados.
Tras el examen médico, se determinó que el cuadro no revestía gravedad crítica y que no era necesario el traslado a un centro de salud. Afortunadamente, el episodio no dejó secuelas graves.
Un riesgo que se repite cada invierno
El monóxido de carbono es un gas incoloro e inodoro que se genera por la combustión incompleta de leña, carbón, gas u otros combustibles. Su peligrosidad radica precisamente en que es imposible detectarlo sin instrumentos especiales, y puede causar pérdida de conciencia o la muerte en cuestión de minutos si la concentración es elevada.
Ante este nuevo incidente, las autoridades policiales y sanitarias renovaron las recomendaciones para la comunidad riojana:
– No usar braceros ni carbones para calefaccionar dormitorios o espacios de descanso.
– Garantizar siempre ventilación adecuada en los ambientes donde funcionen artefactos de calefacción.
– Apagar por completo cualquier elemento de combustión antes de acostarse.
– Prestar atención a los síntomas tempranos de intoxicación: mareos, dolor de cabeza, náuseas, vómitos y somnolencia.
El llamado de las autoridades es claro: el frío no justifica arriesgar la vida. Este caso en el barrio Eduardo Menem es un recordatorio de que el peligro está presente en los hogares y que la prevención puede marcar la diferencia.
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